A menudo escuchamos que los valientes, los que se arriesgan, los que se la juegan y apuestan por una vida distinta, por crear nuevas circunstancias cuya contrucción se prevé difícil, incluso imposible, son unos locos. Pero es que quizá el coraje no tenga nada que ver con la locura. Probablemente el corazón más que la ausencia de miedo, es la consciencia de que hay algo por lo que merece la pena luchar.
El coraje es la fuerza al servicio de la consciencia. El coraje nos mueve por dentro porque creemos que aquello que queremos cambiar o construir tiene sentido, tiene tanto sentido que nos puede llevar a superar nuestros miedos, a enfrentar miedos internos para paritr en un viaje del cual regresaremos completamente transformados, bien porque hayamos logrado alcanzar el objetivo que nos llevó a partir o bien porque tras la aparente derrota habremos aprendido algo nuevo que nos llevará a ver con ojos distintos la vida, a saber un poco más de algo. Pero sea como sea, habremos crecido en el viaje interior.
Nuestros anhelos (las ganas de conseguir algo) y nuestro coraje (la fuerza) van a ir siempre de la mano. El anhelo nos invita a crecer y el coraje lo consigue, nos hace crecer. El primero es semilla, potencia, es idea; el segundo es acción, transformación, realidad. La danza entre ellos es la que transforma nuestra vida y por tanto todo lo que nos rodea.
Para que pueda surgir lo posible,
es preciso intentar una y otra vez lo imposible.
Hermann Hesse.
1 comentario:
Hola Anskar,
No sabía que hacías estas reflexiones. Eres todo un filosofo. Me encantan tus palabras y como te expresas.
Podrías poner el icono de inscripción por e-mail y así recibiría tus publicaciones.
Un saludo.
Mercè.
Publicar un comentario