Hablar....hablar...hablar....sin tener nada que decir, sólo por hablar, por rellenar el tiempo, como si nos diera miedo el silencio porque lo relacionamos con la soledad. Y con las nuevas tecnologías, pendientes de que alguien nos diga siempre algo y siempre con la necesidad de decirlo. Parejas, amistades, familiares...que se pasan el día hablando por Whatsapp y luego cuando se ven no tienen nada que decirse y sacan el móvil para decirse más cosas con otras personas con las que no tendrán nada que decirse cuando se vean y así continuamente. Las dependencias ofuscan la personalidad y la de la comunicación es de las peores.
Disfrutemos del silencio para estar con nosotros mismos, así lograremos estar bien y podremos estar bien con todo el mundo. Si nuestra intención es hablar con todo el mundo para poder estar bien con todos al final nos olvidamos de nosotros y no logramos estar bien con casi nadie ni con uno mismo.
O esos silencios que acontecen en las comidas, cenas, momentos....sin tener nada que decir; en un ascensor alguien suelta las inclemencias del tiempo, sin más, sólo por hablar, y acabáis explicando cosas que realmente no consciernen ni van a llevar a ningún sitio, solo por hablar, como si lo raro fuera estar callado. Con lo bonito que es estar frente a la persona amada sin tener nada que decir, simplemente mirandoos a los ojos y tal vez sonreír.
La palabrería (y no solo tecnológica) es la perdida de la auténtica personalidad. Debemos encontrar el equilibrio entre la comunicación y la verborrea.
Disfrutemos del silencio para estar con nosotros mismos, así lograremos estar bien y podremos estar bien con todo el mundo. Si nuestra intención es hablar con todo el mundo para poder estar bien con todos al final nos olvidamos de nosotros y no logramos estar bien con casi nadie ni con uno mismo.
O esos silencios que acontecen en las comidas, cenas, momentos....sin tener nada que decir; en un ascensor alguien suelta las inclemencias del tiempo, sin más, sólo por hablar, y acabáis explicando cosas que realmente no consciernen ni van a llevar a ningún sitio, solo por hablar, como si lo raro fuera estar callado. Con lo bonito que es estar frente a la persona amada sin tener nada que decir, simplemente mirandoos a los ojos y tal vez sonreír.
La palabrería (y no solo tecnológica) es la perdida de la auténtica personalidad. Debemos encontrar el equilibrio entre la comunicación y la verborrea.
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