jueves, 11 de septiembre de 2014

.La importancia de los silencios.

Hablar....hablar...hablar....sin tener nada que decir, sólo por hablar, por rellenar el tiempo, como si nos diera miedo el silencio porque lo relacionamos con la soledad. Y con las nuevas tecnologías, pendientes de que alguien nos diga siempre algo y siempre con la necesidad de decirlo. Parejas, amistades, familiares...que se pasan el día hablando por Whatsapp y luego cuando se ven no tienen nada que decirse y sacan el móvil para decirse más cosas con otras personas con las que no tendrán nada que decirse cuando se vean y así continuamente. Las dependencias ofuscan la personalidad y la de la comunicación es de las peores.

Disfrutemos del silencio para estar con nosotros mismos, así lograremos estar bien y podremos estar bien con todo el mundo. Si nuestra intención es hablar con todo el mundo para poder estar bien con todos al final nos olvidamos de nosotros y no logramos estar bien con casi nadie ni con uno mismo.

O esos silencios que acontecen en las comidas, cenas, momentos....sin tener nada que decir; en un ascensor alguien suelta las inclemencias del tiempo, sin más, sólo por hablar, y acabáis explicando cosas que realmente no consciernen ni van a llevar a ningún sitio, solo por hablar, como si lo raro fuera estar callado. Con lo bonito que es estar frente a la persona amada sin tener nada que decir, simplemente mirandoos a los ojos y tal vez sonreír.

La palabrería (y no solo tecnológica) es la perdida de la auténtica personalidad. Debemos encontrar el equilibrio entre la comunicación y la verborrea.

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