Hoy he salido a dar una vuelta por el campo con el Jango, pero antes de llegar a la esplanada donde solemos ir a jugar he pasado por un parque y habían dos niños jugando. Una era una niña de, calculo, unos 7 años. Esa niña, esa chiquitina, inconscientemente me ha regalado la lección del
día que ahora comparto en este blog.
La peque estaba jugando con su hermano, que no tendría más de 3 años, el cual estaba empeñado en subirse y poder conducir su patinete, con mucha dificultad, le costaba un huevo, vaya.... y de repente veo como la niña arranca a correr y se pone a una distancia prudente de su hermano, como a unos 10 metros, y con insistencia y una buena carga de optimismo le grita: "¡Venga, Javi, que puedes!, ¡venga, Javi, que sí puedes!....¡Javi, Javi, Javi!", con la potencia y la euforia de cualquier concurso televisivo, con una alegría y una fuerza brutal, hasta que Javier se armó de valor y se impulsó con fuerza una y otra vez sobre el patín, hasta llegar a la línea de meta, fijada por la niña, y ser recibido por ésta como todo un campeón.
La escena no solo me ha provocado una sonrisa y elevó mi espíritu, sino que me hizo consciente de la importancia que tiene en nuestro desarrollo y éxito, a todos los niveles, a contar con la presencia, ánimo y apoyo de personas que crean en nosotros: en nuestro potencial, en nuestra valía, en nuestra grandeza, percibiendo incluso lo que aún no se ve, porque a veces esas personas animan más de lo que creemos o creen sin ellos ni nosotros darnos cuenta, pero es genial su ayuda, dándonos ese empujón tan necesario justo cuando nos paralizan las dudas y el miedo, tendiéndonos la mano para ayudarnos a subir cuando estamos abajo, abrazándonos cuando nos sentimos solos, consolándonos ante la decepción y el fracaso y poniendo a nuestra entera disposición su presencia, a veces como un Kleenex para secar nuestras lágrimas o a veces con sus conocimientos, experiencia y ofreciendonos su oreja, sin condición, solo por amor.
Que suerte la del tal Javier de poder contar con alguien que cree en él incondicionalmente y que aún viéndole trastabillar y a un tris de rendirse, sabe que esforzándose y persistiendo puede conseguirlo. Es una pasada escuchar mensajes positivos, de fuerza, de poder, de visión, enfocados en lo que se quiere y en llegar, ignorando los esfuerzos, sacrificios, costes, miedos y obstáculos. Y que estupendo que una niña, a tan corta edad, tenga una autoestima y habilidades de liderazgo que bien podríamos copiar los adultos.
Sean cuales sean las circunstancias y nuestro pasado, el momento de poder, es ahora, y el cambio se basa en una nueva actitud.
Porque yo estoy convencido de que para gozar de una vida plena y feliz el punto de partida es una sana auto-estima, pero es que la mayoría de las veces tiene que estar acompañada de un entorno personal favorable.
Aunque a veces no podemos elegir a las personas que nos rodean y con las que tenemos que compartir trabajo, instalaciones o actividades, pero solo nos queda aceptar a cada cual como es y convivir en respeto, sin embargo, nuestro entorno cercano e íntimo solo deben integrarlo personas que nos valoren, respeten, apoyen, cuiden y aporten, siendo nuestros “maestros”, de forma que su confianza y expectativas respecto a lo que podemos llegar a ser, hacer y tener, se unan a la nuestra para expresar nuestra grandeza, valía y creatividad como seres humanos, recordar la Regla de Oro: tratar al otro como queremos ser tratados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario