domingo, 8 de julio de 2012

.Bisutería sentimental.

   Imaginemos que fuésemos traladados a la fuerza a una gran isla convertida en un gigantesco campo de comcentración de la que no pudiésemos escapar, y que en ella nos obligasen a trabajar de sol a sol y que cada día, además, los terribles carceleros eligieran a uno de los cautivos y en presencia de los demás lo ejecutaran de manera dolorosa y cruel sin que ninguno de nosotros pudiera hacer absolutamente nada y sabiendo que estamos también condenados y solo nos queda esperar nuestra hora....¿no es acaso una descripción de nuestro mundo?. 

   El trabajar de sol a sol es la família, los amigos, el trabajo....y lo que hacemos con eso es mantener nuestra mente ocupada para no pensar en nosotros mismos y evitar ser conscientes de que debemos pasar más tiempo con nosotros mismos, con nuestra realidad personal y enfrentarnos a nuestros sentimientos más íntimos. No hablo de disfrutar la vida, si no de uno mismo y de interiorizar, no estar siempre ocupados intentando hacer algo siempre y llegar así reventados a la cama.  Se nos carga desde que nacemos con todo tipo de deberes y responsabilidades: trabajo, dinero, familia, amigos...y se nos hace creer que no podemos ser felices sin que nuestra salud, casa, família o seres cercanos estén perfectamente protegidos. De ahí que pasemos todo el día atareados y no nos demos descanso para estar con nosotros mismos, porque incluso cuando descansamos, estamos pensando en nuestras obligaciones, vivimos siempre con esa ansiedad. Es como si tuviéramos miedo a estar con nosotros a solas, con nuestros sentimientos más íntimos. Hemos grabado con hierro candente en nuestra conciencia la necesidad de estar ocupados; no hacer nada es perder el tiempo, el grado de realización personal se mide por el número de proyectos y experiencias que somos capaces de acometer y vivir. Lo único que acabamos obteniendo con este frenético ritmo de vida es un agobiante cansancio existencial.

   Nuestro día a día es como el de estos turistas que llegan en su bus al centro de Barcelona y llevados por ese afán tan occidental de "aprovechar el tiempo", se dirigen a toda velocidad en busca de los monumentos o museos y entran a visitar todas las salas y a dedicar apenas unos segundos de su tiempo en cada obra de arte, que en realidad, en lugar de disfrutar las majestuosas pinturas, lo que hacen es verificar que estén colocadas en su sitio.

   ¿Porque no bajarse del bus y sentarse en una terraza sin hacer nada?, ¿Por que no disfrutar del ambiente, de las vistas, del pasar de la gente?, ¿no?....yo creo que así el tiempo se hará más denso y podremos disfrutarlo mejor, ¿que nos queda después de ver un cuadro unos segundos?, lo importante es poder dejar nuestro espíritu en suspenso y saborear el momento, asimilarlo, dejar que entre en nosotros y que se pose en nuestra alma, tragar saliva y digerirlo, esa es la sensación que nos enriquece y nos eleva, de ahí que podemos afirmar que lo que debemos buscar es la intensidad, no la cantidad, tenemos que masticar el tiempo y hacerlo nuestro, no dejarnos llevar por él.

   Vivimos sin querer pensar que moriremos, pero eso no nos salvará de nada, y menos de nuestra propia muerte. Malgastamos nuestros días en busca de la felicidad imposible, en un mundo irreal y falso, en el que eludimos el contacto con el sufrimiento, el dolor y la miseria. Nos acorazamos en nuestro interior y pretendemos conocer el mundo exterior antes que a nosotros mismos, muchas veces por vías tan falsas como la televisión o el ordenador. Desde nuestra perezosa indolencia de ciudadanos occidentales preferimos la ignorancia al esfuerzo por conocer la auténtica realidad que nos rodea.

   El hecho de vivir se ha convertido en algo vulgar. Necesitamos dar un paso atrás, buscar en nostros mismos, no a través de la técnica, del mundo virtual cibernética o del consumo inalcanzable, volvamos a poner los pies en la tierra y depojémonos de toda artificialidad y volvamos a comprender que el dolor y el sufrimiento forma parte del hombre. Pensar que la mejor forma de combatir la corta duración de nuestra existenciaes llenarla con todo tipo de actividades para "aprovecharla mejor" es condenarnos al desiquilibrio emocional, a la ansiedad y a la fustración vital.

   No digo que nos convirtamos en una especie de monjes místicos, pero si que nos alejemos de la continua banalidad en la que estamos inmersos, de evitar el estrés al que estamos sometidos al intentar acumular experiencias a veces inútiles y vacías. Debemos buscar de vez en cuando, sentir la profundidad espiritual que radica en el mero hecho de vivir.

   Porque sin embargo nos empeñamos desesperadamente en localizar la felicidad fuera de nosotros, en nuestra sociedad y en su barata bisutería sentimental, y con ello no conseguimos más que infelicidad y desesperación. La respuesta a todas nuestras preguntas, a nuestra ansiedad, está en nosotros, en nuestro interior, es ahí donde debemos buscar.

1 comentario:

Lorenamamita dijo...

Totalmente de acuerdo con esta entrada Anskar! vivimos sometidos al brutal ritmo de la sociedad en que estamos inmersos sin pararnos a pensar en nosotros mismos. De hecho, aquellos que de un modo u otro empezamos a mirar hacia adentro y a preocuparnos más de nosotros mismos, a veces somos tachados de egoístas, egocéntricos y de insolidarios.
Opino que para poder cuidar a los demás y para poder amar incondicionalmente primero debemos aprender a cuidarnos y amarnos a nosotros mismos. Así es como, desde mi humilde opinión, se disfruta realmente de la esencia de la vida
Un saludo!
Lorena