El sexo con ella....Mientras voy a la cocina a buscar las copas de vino intento convenceerme de que el temblor que me recorre la columna es frío. Pero no, no es frío, estos días de primavera están empezando a ser ya muy calurosos. Este temblor es morbo: con ella siempre he tenido un sexo primitivo, gimnástico, mecánico...¡plas, plas!...émbolo y pistón bien engrasados. Ella tiene el mismo intinsto que yo, carnal, del Neanderthal, depredador. El sexo es sexo y cuando se practica no se piensa en nada más, sólo en rendir lo más posible, a saco. Y toda esa simplicidad a mi me encanta en una mujer, y sobretodo ahora, cuando mi autoestima está un poco floja o cuando mi nivel hormonal no me hace ser un poeta, si no un lobo estepario para hacer sentir a la hembra bien empotrada. La potencia de la reproducción.
Me acerco con el vino, me siento a su lado y me sonríe...joder, ese olor me vuelve loco. Lo he llevado almacenado en el fondo de mi cerebro todo el tiempo, sin ser consciente de ello y asociado siempre a las decenas de orgasmos que habíamos disfrutado juntos....., y ahora ese olor de nuevo, como si fuese un anzuelo insistente enganchado a la telina de mis párpados y tira de mí mientras ella recoge carrete.
No puedo dejar de oservar sus bracitos, sus caderas, sus turgentes pechos, sus muslos, sus tobillos.....ese maldito olor.....bajo la mirada hacía sus piernas y recuerdo que le medían exactamente 22 besos ¿habrá crecido? joder, que ganas de comprobarlo.
Le acaricio un brazo y a mi cerebro acude una pregunta extraña: ¿Cuándo acaricias a una persona por placer propio, ¿a quién sientes? ¿a ella o a tí?....en ese instante me dí cuenta, la estaba sintiendo a ella.
La agarré por el cuello, la tumbé en el sofá, me coloqué sobre ella y después de un largo beso mordiéndonos los labios, apoyando la lengua en nuestros dientes, luchando sin miedo en un recinto con una única saliva, ese aroma se convertió en muchos olores, en sabores, en pasión....hundí la mano en su pelo, la presioné desde la nuca y nos dejamos llevar hacia los temblores similares de una pequeña muerte.
Me acerco con el vino, me siento a su lado y me sonríe...joder, ese olor me vuelve loco. Lo he llevado almacenado en el fondo de mi cerebro todo el tiempo, sin ser consciente de ello y asociado siempre a las decenas de orgasmos que habíamos disfrutado juntos....., y ahora ese olor de nuevo, como si fuese un anzuelo insistente enganchado a la telina de mis párpados y tira de mí mientras ella recoge carrete.
No puedo dejar de oservar sus bracitos, sus caderas, sus turgentes pechos, sus muslos, sus tobillos.....ese maldito olor.....bajo la mirada hacía sus piernas y recuerdo que le medían exactamente 22 besos ¿habrá crecido? joder, que ganas de comprobarlo.
Le acaricio un brazo y a mi cerebro acude una pregunta extraña: ¿Cuándo acaricias a una persona por placer propio, ¿a quién sientes? ¿a ella o a tí?....en ese instante me dí cuenta, la estaba sintiendo a ella.
La agarré por el cuello, la tumbé en el sofá, me coloqué sobre ella y después de un largo beso mordiéndonos los labios, apoyando la lengua en nuestros dientes, luchando sin miedo en un recinto con una única saliva, ese aroma se convertió en muchos olores, en sabores, en pasión....hundí la mano en su pelo, la presioné desde la nuca y nos dejamos llevar hacia los temblores similares de una pequeña muerte.
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