Hay mogollón de estatuas subidas en lo más alto de un pedestal, de siempre ha sido lo loable "tener a alguien en un pedestal".
Existe una historia sobre un místico, Cristiano Simeón Estilista: El Viejo, que pasó los últimos años de su vida subido a una columna. Su idea era la de vivir sobre un pedestal por la necesidad de dejar la vida real. Lo había intentado varias veces antes de llegar a esta conclusión, pero nunca lo conseguía. Dicen que se alimentaba de pan y leche que le subían los chavales de la zona. Se beneficiaba de lo bueno del mundo, sin necesidad de soportar lo malo. Pero las ventajas de este tipo de vida solo las podemos ver desde aquí abajo, ya que su experiencia fue la de una soledad extrema, una vida completamente solo, a la intemperie, sin cobijo y lo que es más importante, sin consuelo alguno.
Eso son los pedestales, las portadas de revista: falsas promesas de felicidad, "mirar por encima del hombro" expresión despectiva que no cobra sentido si no se está "por encima" de los demás. Ganas de ser así, de estar ahí, donde creemos que los males del mundo nunca nos podrán alcanzar ni herirnos y por lo tanto, no dejarnos feas cicatrices.
En esa ilusión perdemos de vista lo que puede ser nuestro potencial: La vulnerabilidad, la vida del resto del mundo, el hecho de poder emocionarnos y conmovernos.
A veces miro con ironía esas personas que creen ser ese tipo de estatuas, o que merecerian salir en alguna portada. Veo a gente famosa que llora emocionada al recoger un premio y a veces más que admiración siento compasión, ya que ellos, al tener la vida más o menos solucionada, lloraran solo en esos momentos y para mi llorar es liberarme, es estar en el mundo y con todo el mundo, el miedo es tomar consciencia de la realidad y desde esa realidad me siento más emocionable y emocionante.
Las victorias son de los vencedores, pero es más humano el perdedor, cuando llegas arriba ya está, no necesitas nada más, pero los demás aún necesitan moverse, aprender. Está muy bien celebrar los triunfos, pero pensando siempre en las veces que hemos caído y pensando en la gente que está cayendo, desde el anonimato. Si, lo que podemos llegar a ser está muy bien visualizarlo, pero debemos vivir lo que somos, dando valor a ese dolor, a las ojeras y a las estrías. Agradeciendo cada cicatriz de tu cuerpo, dando la bienvenida a las nuevas heridas y aceptando el dolor del sufrimiento. Y si no llegas al pedestal no te pierdes nada, es más, es más humilde, y mejor quedarse viviendo aquí abajo.
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