viernes, 17 de febrero de 2012

.Aliento.

A mi madre...¡SI!.

Esta mañana recién levantado he ido a la cocina, he roto mi ayuno como lo hago cada mañana (un ajo picado y el zumo de un limón) y me he sentado delante del ordenador para consultar mi correo y leer las noticias, mi madre me ha llamado para que le ayudara a plegar unas sábanas, y como buen hijo, he ido. La he notado tensa a la vez que decaída y con las comisuras doblegadas hacia abajo, en seguida he recogido la sábana y la he abrazado para caer los dos juntos en un mar de lágrimas.

Es duro cuando llevas toda la vida andando con un bastón que te hace tu camino más llevadero, con un soporte donde repartir tu esfuerzo al subir las cuestas y a veces es como una especie de suspensión para las caídas más duras de la vida…es duro cuando eso, de repente, desaparece y debes aprender a a andar sin ello. Te falta vida, dejas de ser tu; la gente me lo dice por la calle ahora que me he quitado las patillas o a veces cuando voy sin la gorra, “que me falta algo” y me lo dicen siendo cosas materiales realmente inútiles como lo es la estética, pero la falta de una “herramienta” casi imprescindible en la vida, eso, aunque nadie lo vea, se siente, y se siente tan hondamente que al final, se ve.

Mi primer San Valentín sin padre; mi madre ha pasado su primer San Valentín sin marido, sin el Pepe, sin su bastón, sin su media vida, intentando vivir la otra media lo mejor posible, superando el día a día intentando llevar una vida suya al 100% pero con el obvio conocimiento de que eso es imposible, luchando, cojeando y teniendo tropezones como el de hoy, una jornada a modo de bache en esa contienda contra la soledad para volver a ser ella misma.

Acostumbrémonos a la soledad, a estar solos, a ser autosuficientes, a andar sin bastón; seamos seres solitarios que disfrutan de la compañía, no nos apeguemos a nada y dejaremos de sufrir. Tan cierto es como difícil hacerlo realidad.

14 de Febrero 2012

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