sábado, 18 de febrero de 2012
.Carnaval.
Debo explicar que estoy situado en una zona muy céntrica de mi municipio y la comparsa sale justo de aquí al lado, por lo que desde hace una hora que no paran de desfilar ante mi un catálogo de uniformes, caretas, máscaras y caras pintadas, de ahí viene mi reflexión.
Yo entiendo que carnaval en si abarque cierto descontrol y desenfreno, y estoy viviendo un derroche de patetismo y buen gusto a la vez, porque hay disfraces realmente patéticos, y mira que el chabacanismo nunca me ha deprimido, pero este año estoy viendo disfraces que realmente despiertan compasión en mi (¿Será por la crisis?), aunque por otro lado la festividad se contrasta por trajes realmente elaborados que equilibran el tema.
Carnaval deriva de la voz latina "Carnem levare": quitar la carne, abreviada luego en "carnelevare" (adiós a la carne, porque el miércoles de ceniza se inicia el ayuno de la Cuaresma): irónico, porque como cada año lo que más veo es precisamente eso: carne. He visto enfermeras, vaqueras, bailarinas de Can-can, bucaneras, bailarinas y un sinfín de animadoras y marineritas a cual más muslo mostraba, en un perfil de 15 a 20 años en pleno desarrollo hormonal, con esas ganas de darle el máximo significado al barullo que se genera hoy, llegarán en un rato a ese pavellón inundado de jóvenes varones en la misma condición, moviéndose al ritmo de música festivalera comercial y reciclada. Justo ahí, esa nave se convertirá en una cocktelera, donde todos los ingredientes se agitan por si solos, ellas provocando, ellos tocando culos, otros teta, la mayoría con la excusa de que no serán reconocidos, acabaran la noche con olor a alcohol y sudor, llenos de pintura impropia y gran parte con purpurina en los recóndidos pliegues de las ingles.
Si me imagino ahí en medio no puedo evitar sentirme como Paco Martínez Soria en una de estas fiestas de guateque como en "El alegre divorciado". No se cuantas veces me he visto sumido en estos berenjenales, pero puedo asegurar que fueron unas cuantas, al menos las suficientes como para recordar escenas que, si tuviera vergüenza, me harían abochornar y también las suficientes como para no recordar unas cuantas que mejor se queden estén en el rincón que esten.
El caso está que queramos o no, eso me ha influido mucho en mi educación y como hace dos años que ya no me disfrazo, me he planteado el motivo, ¿me estaré "Pacomartinezsoriacizando"?, ¿es normal?, ¡a ver si ahora me voy a volver un aburrido!, bueno....a lo mejor esto es a lo que mi madre llama "madurar", ya tocaba con 36 años, ¿no?. Pues no, no creo que sea eso, todos necesitamos nuestras fugas, nuestros puntos de escape, como la válvula de una olla a presión, y debemos hacerlo lo mejor posible, respetando al próximo, no como esa gente que alivia sus fustraciones gritando y agrediendo al prójimo, yo no he llegado a esos extremos y espero no llegar nunca, el Carnaval es una de esas válvulas de la sociedad, así que aunque hoy precisamente no me meta en una mega sala disfrazado para tocar culos y bailar borracho, sigo siendo el mismo que lo hacía hace ya algunos años, solo que mi fórmula o formúlas de escape han variado un poco, solo un poco, la verdad, porque tocar culos me sigue encantando, sean de quien sean, pero el placer produce tener una nalga en la mano es indiscutible.
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